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La importancia de los diálogos equitativos

Por Rodrigo Arce Rojas        

¿Por qué hablar de diálogos equitativos? ¿Acaso la equidad no es consustancial al diálogo? ¿Por qué un nuevo apellido del diálogo si ya tiene tantos? ¿Contribuye a la generación y fortalecimiento de sociedades justas y sustentables hablar de diálogos equitativos? Estas son algunas de las preguntas que queremos abordar en esta reflexión como una manera de contribuir a una cultura del diálogo y paz.

Aunque el sentido profundo del diálogo alude a la equidad lo que se encuentra en la realidad es que no necesariamente se verifican procesos de diálogo con tal atributo. Si consultamos el Diccionario de la Real Academia Española (2016) encontramos las siguientes acepciones para equidad: 
• Bondadosa templanza habitual, propensión a dejarse guiar, o a fallar, por el sentimiento del deber o de la conciencia, más bien que por las prescripciones rigurosas de la justicia o por el texto terminante de la ley,
• Justicia natural, por oposición a la letra de la ley positiva,
• Disposición del ánimo que mueve a dar a cada uno lo que merece.

En muchos procesos de diálogo se parten de relaciones asimétricas de información, de recursos, de redes, entre otros factores. Además no siempre se hacen explícitas estas asimetrías y por tanto este elemento se convierte en una condición dada bajo la cual se debe verificar el proceso de diálogo.

Freire (1985) menciona que el diálogo refiere al encuentro que solidariza la reflexión y la acción de sus sujetos orientado a transformar la realidad. Por tanto, para que un diálogo sea equitativo se requiere que las partes se encuentren idealmente bajo las mismas condiciones objetivas y subjetivas. En tal sentido, la UNESCO (2016) afirma que “el intercambio equitativo, así como el diálogo entre las civilizaciones, culturas y pueblos, basados en la mutua comprensión y respeto y en la igual dignidad de las culturas, son la condición sine qua non para la construcción de la cohesión social, de la reconciliación entre los pueblos y de la paz entre las naciones”.

Pero no solo se trata de recursos o relaciones también se trata de las actitudes de los interlocutores. Con frecuencia, asistimos a procesos velados de injusticia epistemológica. Fricker (2007) afirma que la injusticia epistemológica testimonial ocurre cuando se atribuye al hablante un exceso o una falta de credibilidad debido a los prejuicios del oyente. Por ejemplo, cuando se considera que el testimonio de algunas personas es menos creíble por pertenecer estos a un género o un grupo étnico determinados. Este tipo de injusticia epistemológica se fundamenta en una imagen distorsionada del otro, producto de prejuicios, que deshumaniza a los individuos que están dando testimonio (Gonzáles, 2015).

Además de los recursos, relaciones y actitudes está la misma complejidad del lenguaje. Y no se trata solo de dificultades de comunicación por idiomas diversos sino del uso de categorías semánticas que a la larga pueden resultar limitantes. Por ejemplo cuando se habla de conflictos socioambientales no da cuenta de la complejidad de factores que están presentes en esta categoría genérica de conflictos. Con ello quedan invisibilizados múltiples dimensiones y por tanto provocan fallas y vacíos al momento de abordarlos. Los pensamientos dicotómicos no permiten reconocer la diversidad de matices que existen polarizan los discursos, sentimientos y emociones.

Con frecuencia los procesos de diálogo marcan el terreno de distintas maneras. Por ejemplo cuando el diálogo se realiza a partir de “conceptos acabados” y por tanto indiscutibles. Bajo ese contexto no hay voluntad de revisar los paradigmas, las creencias, los niveles de conciencia, los sustratos profundos de los discursos y los comportamientos. En esa misma lógica no existe la voluntad de revisar los marcos epistemológicos que sustentan el discurso de los interlocutores. Influenciados fuertemente por los principios de la ciencia normal se justifica la disyunción, la reducción, la linealidad y los determinismos.

Un aspecto que no debe dejar de reconocerse en los procesos de diálogo refiere a la propia complejidad de los grupos (incluyendo la diversidad interna), culturas, historias, contextos, discursos, emociones, prácticas y comportamientos. Categorías como “comunidades”, “Estado”, “empresas” no dan cuenta de la riqueza de matices y por tanto de la diversidad de agendas, intereses, necesidades y sentires. A ello le sumamos las relaciones injustas de género y edad.

Si no se aborda en su real dimensión todos estos aspectos estaremos frente a procesos de diálogo que no son necesariamente equitativos aún bajo formatos formales. Consecuentemente, la equidad en el diálogo es fundamental para avanzar hacia sociedades justas y sustentables.

Para avanzar en la dirección de diálogos equitativos se requiere por tanto generar y fortalecer plataformas e infraestructuras del diálogo, con capacidad para convivir con la complejidad, predisposición para la revisión de los marcos epistemológicos que sustentan los discursos, predisposición para revisar marcos paradigmáticos, voluntad para concertar con sentido de justicia los significados y sentidos que están en juego. En este contexto, políticas públicas de prevención y transformación de conflictos que consideren las dimensiones personales, sociales, culturales y estructurales son fundamentales.

La incorporación del pensamiento complejo con sus variantes de pensamiento sistémico, crítico, creativo e innovador, entre otros, debe permitir abordar la realidad compleja para no quedarse en enfoques disyuntivos y reduccionistas de la realidad. Ello permitirá abrirse a todas las posibilidades y no solo a lo conocido, favorecerá mirar, escuchar y sentir lo inadvertido, lo que no quiso o no pudo verse por el marco epistemológico racionalista y simplificante.

Se concluye por tanto en la necesidad de avanzar hacia diálogos equitativos que permitan superar diálogos transaccionales o diálogos que bajo la apariencia de democráticos ocultan las profundas diferencias de poder y legitiman posiciones hegemónicas. La periódica reemergencia de conflictos puede estar sustentada en diálogos que no fueron equitativos.

16/11/2016

Bibliografía citada:
Freire, P. (1985): Pedagogía del oprimido. Montevideo, Tierra Nueva. México, Siglo XXI Editores.
Fricker, M. (2007). Epistemic Injustice. Oxford: Oxford University Press.
Gonzáles, S. (2015). ‘Justicia Epistemológica: Escuchando al Sur. En: Nuevos desafíos para la inclusión social y la equidad en instituciones de educación superior (2015) Rifà Valls, M.; Duarte Campderrós, L. & Ponferrada Arteaga, M. (editoras) (Universidad Nacional de Costa Rica) ISBN978-84-606-6704-9. Accesible en: http://www.miseal.net/images/Publicaciones/MEMORIA%20FINAL.pdf
UNESCO (2016). Diálogo intercultural. Recuperado de: http://www.unesco.org/new/es/culture/themes/dialogue/intercultural-dialogue/