Autor:
Ivan Ormachea Choque - Presidente de ProDiálogo
La presentación última del rector de la PUCP a la comunidad universitaria ha sido muy enfática en su relación con la Iglesia: “Estamos en guerra”. En verdad no lo creo, existe un conflicto qué duda cabe, aunque paradójicamente lo más probable es que no aparezca en el reporte de conflictos sociales de la Defensoría del Pueblo (aún) de este mes.
Sin embargo, hubo una luz de esperanza cuando el sábado pasado en su programa “Diálogos de Fe” el Arzobispo Cipriani invitó al rector de nuestra universidad “con respeto y humildad a ir por el camino de la decencia, de la humildad y el respeto a la verdad”. “Es obligatorio que dialoguemos” indicó. El esfuerzo no cayó muy bien especialmente por el estilo del mismo. Metáforas relacionadas a una condición de ladrón y a la falta de honestidad del rector condenaron de inicio dicha invitación. Así no se invita a dialogar claro está. Lo que vino a continuación fue una respuesta que demuestra que no hay voluntad de diálogo por ambas partes. ¿Habría que construirla?
Rescato la posibilidad de impulsar —dadas ciertas condiciones— un proceso donde a través del diálogo y la construcción de consensos se administre la controversia. Esta controversia tiene raíces muy propias. Hay una raíz jurídica en la cual está en discusión el marco jurídico que rige a nuestra universidad ¿de derecho canónico o de derecho civil nacional? Y esto tiene serias implicancias para la gestión de la universidad y la administración de sus bienes.
De otro lado, se teme que esta controversia tenga como trasfondo la afectación de la libertad de cátedra, en otras palabras la censura a profesores, a cursos, y eventualmente a contenidos que le sean incómodos a la Iglesia. Sin embargo, me atrevo a puntualizar que el tema de fondo de este conflicto parte de determinar hasta qué punto la fe católica es permeable a todo tipo de discursos en una universidad que se define como católica y pontificia.
Quizá suene muy ingenuo —especialmente en el actual contexto de polarización, descalificación y escalada en el que se encuentra el conflicto— pero resultaría un ejercicio prometedor impulsar una iniciativa para explorar las posibilidades del dialogo genuino. Una posibilidad es la de contar con personas de buena voluntad que conformen una suerte de equipo de mediación que se dirija a las partes y empiece a construir mínimas condiciones para el diálogo y algunas reglas que reviertan la tensa relación que reina actualmente entre las partes.
Esta comisión debería promover diálogos en cuanto a una agenda consensuada por las partes en la que seguramente estarán los temas jurídicos (la naturaleza jurídica de la PUCP, que tiene implicancias sobre los bienes de la universidad y su gestión) donde los abogados tendrán mucho que decir seguramente; los asuntos referidos a la libertad de cátedra y una gran discusión referida a la relación entre la fe católica y otras ideologías, abierta a la interdisciplina. Pero primeramente, este proceso de diálogo genuino debería generar consensos mínimos de tipo relacional: un pacto en el que voceros y medios de comunicación propios proscriban los epítetos y calificativos con el fin de despersonalizar definitivamente el conflicto. Adicionalmente, se podría llegar a soluciones de principio en base a ciertos consensos que vayan descubriendo las partes. El Cardenal Cipriani ha mencionado que no existe voluntad de afectar la libertad de cátedra; bueno, entonces, habría que entrar en la discusión y zanjar este tema, por poner un ejemplo.
Creo que es hora de hacer un esfuerzo para que con la ayuda de terceros se canalice más constructivamente este conflicto que nos hace rememorar a discursos de Von Klausewitz (“De la guerra”, 1832), las cruzadas o al cisma luterano. Recordemos que la universidad cuenta con un centro especializado en el análisis y gestión de conflictos al igual que académicos que podrían contribuir a darle otro curso a la disputa. En esta misma línea, la Iglesia es la institución con mayor legitimidad para contribuir en los conflictos sociales. No gratuitamente ha intervenido como mediadora en diversas comisiones de alto nivel y mesas de diálogo. Nunca descartemos la posibilidad del diálogo, y a él se puede ingresar de diversas maneras. Si por último el conflicto continúa que sea regulado dentro de ciertos acuerdos de principio que no tensen más las relaciones entre las partes, ¿se podrá lograr una relación basada en las “cuerdas separadas”?.
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courses and content that will eventually be uncomfortable to the Church.
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