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Conflicto en la Amazonía: ¡Paren la violencia, impulsen la paz!

Mientras escribo estas líneas existen personas y sus familiares sufriendo por la muerte, desaparición, secuestro, daño y destrucción como consecuencia de los enfrentamientos en Bagua suscitados el 5 de junio. La ciudad amanece con titulares de periódicos que hablan de muerte, masacre, matanza o terrorismo en un marco de múltiples acusaciones contra el gobierno, la AIDESEP, grupos políticos radicales e inclusive países de la región.

En este momento es cuando nuestros líderes ­―no solo me refiero a los del gobierno sino de todos los grupos políticos, entidades de coooperación y de la sociedad civil incluyendo obviamente a los amazónicos― deben apelar a aquella dimensión moral que requiere la búsqueda genuina de paz para que se depongan las armas, las acusaciones mutuas, etiquetas deshumanizantes, las culpas, las acciones de fuerza, el secuestro e impulsar un proceso desinteresado y desprendido de diálogo para poner punto final a la muerte, el dolor y la destrucción que ha causado esta escalada.

En este momento no se requiere polarizar más al país con discursos altisonantes, se requiere buscar salidas a esta situación que de no revertirse advierte mayores brotes de violencia. Es crucial que tanto los grupos amazónicos al igual que el gobierno se comprometan de buena fe a aceptar la intervención de un tercero que a modo de mediador facilite como primera medida deponer toda acción de fuerza y de violencia.

La Iglesia y la Defensoría del Pueblo tienen una excelente experiencia, credibilidad y voluntad de servicio en procesos de diálogo como los que se requieren en este momento. Por tanto, el diálogo debería darse tomando como primera medida que las partes acepten romper con la violencia; es decir, desbloquear todas las carreteras, identificar a los detenidos y muertos, ubicar a los desaparecidos, liberar a los retenidos, enterrar dignamente a los fallecidos, retornar a sus casas. Logrado este gesto de paz a través de los mediadores se debería impulsar un proceso de diálogo genuino y permanente que defina reglas, principios, una agenda clara y un procedimiento que permita conversaciones de buena fe sobre los problemas relacionados a la amazonía.

En este momento el conflicto se ha desbordado, ya no solo son los temas que afectan a los pueblos amazónicos, ahora tenemos muertos y vulneraciones a derechos humanos tanto de civiles como de efectivos policiales. Estos temas necesariamente tendrán que administrarse en su momento, sin embargo, lo que ahora corresponde es que exista un claro pacto social de nuestro líderes en cuanto a que la violencia no puede continuar y que se tiene que poner fin a esta sangrienta escalada.

De este modo estaríamos dignificando el liderazgo de aquellos que toman decisiones que impactan en la dinámica de este conflicto. Gestos desprendidos como estos ayudarían a dar un giro fundamental al conflicto para encaminarlo hacia la ruta de la paz.