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¿Un Milagro?

La primera plana de La República de hoy (9/7/12)  titula "El país espera un milagro de padres Cabrejos y Garatea". Si interpretamos de manera literal lo ahí dicho, serían varios los milagros a esperar y varios los personajes del santoral por apelar. Un primer milagro sería, que las partes se dispongan con voluntad y convicción a dialogar genuinamente, otro milagro a esperar sería que todos los actores involucrados demuestren con gestos claros que buscan acuerdos que integren todos los intereses posibles. Así sucesivamente. Pienso que mientras esperamos que los milagros ocurran por la gracia de Dios, hay cosas por hacer aquí en la tierra. Una de ellas pasa por definir con claridad el rol de los sacerdotes a quienes casi por consenso mediático se les están llamando como facilitadores. Bueno, habrá que definir con claridad que se espera de ese rol, que a nuestro entender tiene que ver con acercar a las partes, mejorar los canales de comunicación entre ellos y generar un clima lo suficientemente confiable para avanzar en ciertos aspectos clave para el proceso como: establecer con apertura y claridad quiénes se sientan a dialogar, sobre la base de qué principios, cuáles serían los objetivos a lograr, bajo qué forma de trabajo, si es preciso (y sí que lo es) contar con otros agentes "terceros" que apoyen el proceso desde distintos roles: asesores, veedores, facilitadores técnicos, etc. Me atrevo a decir que con este intento nos estamos jugando una de nuestras últimas cartas para que este conflicto no siga escalando. En resumen, es bueno esperar milagros y tener fe, pero también es bueno ayudar a que las cosas pasen, a que las cosas sucedan. Varias cosas se han dejado de hacer, de decir y otras se han hecho mal, creemos que es el momento de sentar las bases para la institucionalización de un proceso que no solamente sirva para transformar este conflicto en particular, sino para que sirva de referente en adelante, salvo la opción de este gobierno respecto a los conflictos sea esperar milagros.